Esta nota fue publicada en la edición 3619 de la revista El Gráfico.

Entre tantas búsquedas, el artista persigue una idea tentadora: la de perpetuarse a través de su obra. Y, casi como ningún otro integrante de la corriente musical post-beatle en nuestro país, Luis Alberto Spinetta, hoy 39 años, ya ha conseguido meterse en el corazón de la historia. Resulta demasiado arbitrario, cuando se está frente a un creador de tamaña dimensión –entre otras cosas ya tiene editados 22 discos–, referirse sólo a un tema. Pero a través de “Muchacha ojos de papel”, quizá alcancemos a dimensionar el fenómeno. Porque muchos pibes que hoy degustan a un Spinetta tal vez menos romántico que aquel de Almendra, siguen cantando la bella poesía de “Muchacha…” en los fogones como un himno inmaculado. La misma canción con la que sus padres, allá por el ’68, se conocieron y sellaron un pacto de amor.  


Mi antecedente deportivo es River. Yo vivía en Arribeños y Congreso, muy cerquita de la cancha, y tenía como vecino al famoso Machín, aquel colaborador del club que fue, entre otras cosas, el masajista de La Máquina. Y si bien también iba a ver a Platense porque mi viejo es hincha, todo aquel mundo que me presentaba Machín llevándome a las concentraciones, dejándome salir al field –dijo “field” –, presentándome a los Labruna, Loustau, Federico Vairo, Néstor Rossi, Mantegari o Sola, me fascinó….

¿Odiabas a Boca?
–No, en absoluto. Mi mamá era de Boca y uno a la vieja le respeta cualquier cosa.
–¿Quiénes eran tus ídolos?
–En esa época me encantaba el Monito Zárate y también Carrizo. Amadeo, Tarzán, ¡qué arquero bárbaro! Claro que cuando era chico no entendía mucho el juego. Creía que todos los equipos jugaban a la vez en una misma cancha… pavadas de pibe, qué sé yo. Pero cuando crecí, mi gran ídolo fue Norberto Alonso. Grandioso el Beto, uno de los mejores diez que pisó el mundo. Con Pelé y Maradona ahí…
–Muchos se confunden y piensan que el tema “El anillo del capitán Beto” es un homenaje a Alonso.
–Sí, eso es cierto. Es un mito que ayudó a crear Juan Alberto (por Badía) y está bien que así sea, porque el Beto se merece eso y mucho más. Una sinfonía.
–¿El fútbol tiene música?
–Sí, es un arte mayor. El murmullo del público, la cancha, la gente, la pelota, los jugadores, todo eso solamente es superado para mí por un escenario. El buen fútbol, el fútbol bien jugado, es un regocijo y representa una manera de expresarse, la armonía del cuerpo, la manera de encarar el espacio. Soy muy respetuoso de los jugadores que están ahí ganándose el pan en una cancha, por eso me hacen mal algunas actitudes, por ejemplo cuando la gente los insulta. Recuerdo que durante el Mundial del ’78 un espectador a mi lado lo insultaba a Luque. Y el pobre Luque estaba ahí matándose con un hermano muerto, el brazo y la nariz rota. Sentía una indignación que me dieron ganas de llorar, una indignación en el fondo de mi ser. Esas cosas son las que no quiero.
–¿Cómo se solucionan estas cosas, Luis?
–Nos faltan años de educación. Este es un juego que debería dar tan sólo satisfacción y sin embargo hay gente que va a la cancha a perder la vida o a tener problemas, los saca la cana y se pudre todo. Pero no voy a dogmatizar para cambiarlas. Digo que no se puede estar matando por un color.
–En tu último LP -“Tester de violencia”- hay un tema, “La bengala maldita”, que habla de las barras bravas. ¿Por qué este tema?
–Un día me encontré un hotel con los muchachos de la barra de Rosario Central y uno de ellos me dijo: “Flaco, antes de morirte, tenés que hacer una canción de las barras bravas”. Y la hice.


Flaco
, ¿cuál fue el mejor equipo que viste?
–Lo mejor, lo mejor, Argentina en México. Y aquellas temporadas de River bajo la batuta de Alonso. Pero por ahí me perdí algunos equipos, porque coincidió que no los pude seguir, como al Racing del ’66 o al Boca que ganó las Libertadores. También me encantó lo que vi del Brasil del ’70. El brasileño creo que es el mejor fútbol que hay, el más llamativo, son siempre una amenaza de ganar, tienen un talento terrible. Nosotros también estamos en el nivel del mejor aunque no siempre lo podamos demostrar por los grandes problemas que tenemos por ahí para formar la Selección.
–¿Esperabas más de River?
–Honestamente, sí. Debe haber pasado algo raro en la primera rueda porque fuimos un desastre. Tenemos un gran entrenador como César Luis Menotti, un gran plantel y la mezcla no funciona. Se me ocurre que debe haber alguna gran presión interior que tira una mentalidad negativa. Pero no lo sé, se me ocurre nomás.
–¿Sos exigente como todos los hinchas de River?
–No me considero el prototipo del hincha de River. Es demasiado cómodo. Si gana, está todo bien, en cambio si pierde todo es una porquería asquerosa. Me van a matar, pero me parece mejor hinchada la de Boca. Pierdan o ganen, los monitos están siempre ahí gritando por el equipo.
–Pero es que River representa otro estilo, acaso más refinado…
–Sí, eso es por tradición, porque le queda el mote de Millonario, porque tiene grandes planteles, un gran estadio… pero el alma y el pulmón son necesarios para definir un campeonato. Con la mentalidad exquisita no alcanza.
–¿El concepto vale para los artistas?
–Totalmente, la proporción deber ser 70% de esfuerzo y 30% de talento. La música es una forma de vivir y necesita de una entrega total para que el talento esté al servicio de un éxito.
–¿Te animarías a armar la Selección de los jugadores que viste?
–Dale, ¡qué bueno! Alonso y Babington no pueden faltar. ¡Qué jugador, el Inglés!
Perfumo y Passarella tampoco. Rattín, menos. De Dieguito, ni hablar. A ver qué más, es difícil, (se ríe, se mueve de un lugar al otro, le gusta el juego).
–Hoy nombraste al pasar a Pernía.
–Sí, Pernía, no mejor Tarantino y Marzolini, un ídolo total. Amadeo y Gatti para el arco. No te olvides del Bocha, otro genio como Alonso y el Loco Houseman, qué grande el Loco. ¿A ver cómo quedó?
–Carrizo o Gatti; Tarantini, Perfumo, Passarella, Marzolini; Babington, Rattin, Alonso; Houseman, Maradona, Bochini.
–Muy bueno, ¡qué fútbol podríamos jugar! Pero ponerme en el banco al Negrito Jota Jota, Merlito –siempre se bancó todo–, Ermindo Onega y Francescoli.


Vilas
es el padrino de Dante, tu hijo mayor. ¿Te gusta el tenis?
–Lo ignoré hasta que conocí a Guillermo, pero en ese momento me enamoré del deporte. Normalmente no lo juego, pero me encanta verlo. Pensaba que era un deporte delicado, nada qué ver. Tengo otro amigo que juega como un maestro: Tito Vázquez. Y vi a Nastase y McEnroe, así que de tenis estoy hecho.
–¿Vilas fue el Lennon del tenis?

–De alguna forma, sí. Revolucionó el deporte y no sólo a nivel nacional, en el mundo también creo una conmoción.
–Hicieron un trabajo juntos, ¿cómo es Guillermo como poeta?
–Le puse música a una letra suya: “Niños de las campanas”. Creo que es un poeta con buen anhelo, de entrega espontánea. Lo más importante de la poesía de Vilas es su valentía para expresarse. ¿Sabés quién decía que yo era cuando pibe?
–No, ¿quién?
–Floyd Patterson, nunca lo había visto, pero sentía su nombre en la radio y me daba una gran fantasía. Era campeón mundial pesado por entonces. Pero el boxeo es demasiado violento para mí. Aunque Monzón me pareció un genio total y Locche un artista que me daba vuelta la cabeza. En general, me gustan todos los deportes y me volvía loco la voz de Fioravanti, algo realmente maravilloso.
–¿El músico tiene que ganar siempre como los deportistas profesionales?
–Es diferente. El rival del artista es muy abstracto, pero el rockero tiene una mentalidad ganadora. El artista debe combatir siempre el mal gusto.
–¿Cuál es el gol del músico?
–Que la gente disfrute un tema como un gol adentro del alma, que le llegue. Aunque creo que el del fútbol porque nadie puede llegar a su casa y decir: “Vieja, ¡qué bronca!, nos hicieron un gol sobre la hora”.


Daniel Roncoli

Foto: Ricardo Alfieri (hijo).

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